fondo

En primera persona

“Si la arquitectura no se concibe en función de la felicidad de quienes van a habitarla, pasar tiempo en ella, descubrir sensaciones y compartir momentos, pierde su sentido esencial.”

Después de más de 30 años haciendo arquitectura, pienso que lo que me llevó a elegir esta profesión fue ante todo la voluntad de encontrar una identidad creativa propia. Pude haber seguido otros caminos, pero sentía un deseo muy fuerte de arriesgarme, de ser fiel a la necesidad de ser libre y generar una trayectoria personal.

Soy un arquitecto a quien le apasionan todas las áreas de la actividad, pero la fase inicial del proyecto es sin dudas el momento que considero más fascinante: porque es entonces cuando todo es pura potencialidad, cuando a partir de una idea, otras ideas surgen y evolucionan, y de un modo que sería difícil describir con palabras, los condicionantes o limitaciones se resuelven hasta llegar a un proyecto unificado en su estética y definido en su sistema constructivo. Por eso siempre me entusiasma iniciar una nueva obra y buscar la mejor resolución posible a partir de los recursos formales que la experiencia de toda una vida me ha dado, pero también, a partir de las sensaciones y las ideas que comienzan a fluir desde el momento que un cliente deposita en mí su confianza.Cada obra es única e irrepetible y esto es algo muy inspirador para mí.

Creo que hay una armonía invisible, infinita y poderosa, en toda obra arquitectónica que logra materializarse con solidez, equilibrio y simplicidad, porque sin dudas posibilita una mejor y más feliz calidad de vida. Por este motivo, resulta muy placentero para mí saber que muchas de las obras surgidas de mi mesa de trabajo siguen siendo apreciadas, transitadas, disfrutadas, utilizadas y habitadas a medida que pasan los años, sin perder sus atributos más significativos de diseño y construcción.

 

Arq. Juan Ballester